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Mujer Nueva

Especial sobre la FIV - Fertilización In-Vitro
(Los Domingos de ABC, 2003-02-23)


La maternidad no es una obligación

Es muy legítimo el deseo de los cónyuges de ser padres, pero no se puede confundir un deseo legítimo con un derecho. No existe un derecho a tener hijos. Un hijo es una persona, como los padres, y por tanto un sujeto de derechos y por ello no puede ser objeto de un derecho.

La fecundación in vitro presenta problemas para el hijo, como se está mostrando en recientes investigaciones, al producir al niño fuera de su ambiente natural, las trompas de Falopio. La FIV hace sufrir a las mujeres que se someten a la misma, tanto desde el punto de vista físico ¿se han producido muertes debidas a la hiperestimulación ovárica? como desde el punto de vista psicológico: la mujer se siente culpable después de cada fracaso, sin ninguna justificación, ya que la maternidad no es una obligación, salvo que exista un embarazo.

Por ello el dinero que se destina a la fecundación in vitro debería destinarse a estudiar los verdaderos remedios contra la infertilidad y a facilitar las adopciones. Aproximadamente la mitad de las fecundaciones in vitro que se llevan a cabo han tenido que recurrir a donación de óvulo o esperma de terceras personas. Pues bien, puestos a acoger a niños en cuya producción han participado genes extraños a los cónyuges, me parece más razonable adoptar un niño.

Hay millones de niños en las cuatro esquinas del mundo, como es bien sabido por todos, que no tienen familias y viven en condiciones infrahumanas, y tales niños sí tienen derecho a tener unos padres, adoptivos, ya que los naturales no han podido o querido ocuparse de ellos. Frente al miedo al gen extraño, hay que recordar que somos más ambiente que genética, ya que nuestra personalidad la modela el entorno en el que vivimos, la educación y el cariño que recibimos cada día de nuestros padres, sean naturales o adoptivos.

Malas herencias

La fecundación in vitro, un hito en la Medicina moderna, cumple veinticinco años (1978-2003). En fecha tan señalada, sin embargo, informes científicos enfrían la euforia y llaman a la reflexión. ¿Estamos ignorando los riesgos de estos tratamientos?

- Francisco Alonso y Miguel Ángel Barroso
Patrick Steptoe, ginecólogo del Oldham General Hospital (Reino Unido), y Robert Edwards, fisiólogo de Cambridge University, caminaron a tientas durante diez años. En 1966 empezaron a desenredar la madeja de las alternativas a la concepción natural. Probaron y se desesperaron. Hasta que en noviembre de 1977 experimentaron «in vitro» con los óvulos y espermatozoides de una pareja joven de Bristol, Lesley y John Brown. El 25 de julio de 1978 nació Louise. A día de hoy, un millón de niños concebidos con técnicas de reproducción asistida se pasean por el mundo. Un éxito, sin duda, aunque últimamente nos hayamos empezado a acostumbrar a informes de equipos científicos que introducen muchos matices y alguna sospecha.

El 25 de enero, un grupo de médicos del departamento de oftalmología pediátrica de Amsterdam publicó en «The Lancet» http://www.thelancet.com] un estudio en el que se aseguraba que entre noviembre de 2000 y febrero de 2002 habían contabilizado cinco casos de cáncer de retina en bebés probeta. Según su sistema de cálculo, la fecundación in vitro (FIV) multiplicaría por 5-7 el riesgo de retinoblastoma. Nunca se había realizado una asociación de este tipo, lo que lleva a tomar el estudio con una prudencia extrema. «Decir que la FIV provoca más alteraciones de las normales es nadar contra corriente. Yo no tendría ningún reparo en recurrir a estas técnicas», asegura José Remohí, director del equipo del Instituto Valenciano de Infertilidad y profesor de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Valencia.

Unos días antes, el 17 de enero, «Le Figaro», en Francia, titulaba: «La reproducción asistida entra en la era de la sospecha». ¿El argumento? Unos investigadores de la Universidad de Birmingham acababan de publicar en «Journal of Medical Genetics» [jmg.bmjjournals.com] un trabajo más bien pesimista en el que se decía, tras observar a un grupo de enfermos aquejados del síndrome de Beckwith-Wiedeman (una alteración en la «programación genética» que produce crecimiento excesivo ?lenguas gordas, por ejemplo, o agrandamiento de hígado y bazo?, tendencia a la hipoglucemia y riesgo de tumores), que los niños nacidos mediante FIV o ICSI (microinyección de un espermatozoide en el óvulo) están más expuestos a esta patología que la población general. Los médicos analizaron 149 casos, de los cuales seis habían sido concebidos mediante FIV o ICSI, lo que se traducía en un 4 por ciento de incidencia frente al 1 por ciento en los niños nacidos de forma natural. «Estas estadísticas ?escribieron los autores? permiten formular la hipótesis de una relación entre reproducción asistida y enfermedades genéticas».

Carmen Ayuso, del Servicio de Genética de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), ha estado recopilando información sobre los últimos avances en prevención y tratamiento de estas enfermedades. Esta semana ha defendido varias ponencias en cursos organizados por su departamento. «Hay aspectos que no se han tenido en cuenta. A muchas parejas no se les hace un estudio genético previo, simplemente porque hay laboratorios que no cuentan con profesionales especializados. Es habitual que los pacientes no sean personas jóvenes, y ello conlleva, en el caso de una madre con edad avanzada, el riesgo de síndrome de Down, y, en el caso del padre, mutaciones en los genes que pueden derivar en la esterilidad del hijo». Para esta genetista, los tratamientos hormonales también pueden ser un factor negativo. «Las complicaciones no tienen por qué aparecer en los recién nacidos; pueden hacerlo años después».

Cita para 2007

- Juan Francisco Alonso y Miguel Ángel Barroso
Suena el teléfono en la consulta del doctor José Antonio Ruiz Balda, jefe de la Unidad de Reproducción Humana del Hospital Doce de Octubre, de Madrid. «Lo siento, pero tenemos cerrado el libro de citaciones para 2006. No, para más adelante no cogemos gente». Al colgar el auricular, Ruiz Balda esboza un gesto de preocupación. «Nos parece inmoral dar citas para 2007 ó 2008», dice. La Seguridad Social cubre esta asistencia, pero las larguísimas listas de espera provocan que muchas parejas pierdan la paciencia y recurran a clínicas privadas, donde un ciclo de FIV llega a costar 3.000 euros. Una inversión razonable si se consigue tener un hijo, pero el encadenamiento de fracasos desgasta económica y psicológicamente.

«El problema es que algunos de estos centros han convertido la reproducción asistida en un negocio y someten a sus pacientes a ciclos de fecundación sin probar antes otros tratamientos menos agresivos y más económicos», añade Ruiz Balda. «En la FIV hay una parte mecanizada, pero los dos pilares son la personalización de los tratamientos, porque cada mujer es distinta, y un buen laboratorio. Hay parejas que acuden rebotadas a nosotros. Después de tres intentos, el pronóstico es malo, porque se cubre el 90 por 100 de las expectativas de éxito; a pesar de eso, las atendemos». La edad media de las pacientes del 12 de Octubre es de 37,4 años, y el servicio realiza 800 ciclos anuales de FIV.

La mujer comienza el proceso con un severo tratamiento hormonal. Una vez obtenido el nivel óptimo de ovulación, se le extraerán los óvulos mediante punción para fecundarlos en el laboratorio con los espermatozoides de su pareja. Si la calidad y la movilidad de éstos es buena, bastará con una fecundación in vitro; si no, se elegirán los mejores para inyectarlos directamente en el óvulo (ICSI). Después hay que esperar 48 horas para introducir en el útero los embriones fecundados. Si a los quince días la prueba de embarazo es positiva, perfecto. Si no, las parejas se encontrarán en una encrucijada. Y con un cartucho menos.

«No ha habido dos médicos que nos hayan dicho lo mismo». Nuria y Rafael han decidido tomarse un respiro después de atravesar un campo minado. Con embarazos naturales, Nuria lleva tres abortos, con la constancia de que los dos últimos fetos sufrían síndrome de Down. «Un estudio genético reveló que estábamos perfectamente sanos. Entonces, ¿esto qué es? ¿Una lotería cruel?», se pregunta. «Fuimos al Hospital Clínico de Barcelona y me sometí a un tratamiento de reproducción asistida, pensando que el control de un laboratorio reduciría los riesgos. Me implantaron dos embriones, pero, desgraciadamente, no me quedé embarazada. Fue una experiencia muy dura, más desde el punto de vista moral que físico. Te metes un dopaje increíble en el cuerpo, pero lo peor es la comedura de coco.

¿Y si la cosa va bien al principio, pero en la amniocentesis (prueba que se realiza para descartar malformaciones) se descubre un error y tengo que volver a abortar? Pedimos más opiniones. ?No volváis a repetir, que sois muy jóvenes. Hacedlo por el método natural: es imposible que se repita otro caso de síndrome de Down?, nos dijeron unos. Hubo quien me sugirió que utilizara óvulos de otra mujer. Estamos desmoralizados.

Louise Brown, el principio de una larga historia

Louise Joy Brown nació a las 11.47 de la noche del 25 de julio de 1978. Para la Medicina, un momento histórico: era el primer bebé probeta en el mundo. Patrick Steptoe, del Oldham General Hospital, y Robert Edwards, de la Universidad de Cabridge, empezaron a trabajar en las alternativas a la concepción natural en 1966. Les costó doce años de idas y venidas, de decepciones y avances, hasta que encontraron a Lesley y John Brown, una pareja de Bristol (Reino Unido) que intentaba tener descendecia desde nueve años atrás, misión imposible debido a un problema en las trompas de Falopio de Lesley. El 10 de noviembre de 1977 empezó el proceso de fecundación in vitro.

La reproducción asistida y la fecundación in vitro y sus variantes se han desarrollado en España a partir de 1978, cuando se creó en Barcelona el primer banco de semen. En 1984 nacía el primer bebé probeta español. Un año después, el Hospital 12 de Octubre comenzó a ofrecer esta técnica a través de la Seguridad Social. No existen estadísticas oficiales de nacimientos, según reconoce el doctor Javier Rey, secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida del Ministerio de Sanidad y Consumo. Hay que conformarse con la información que recopila la Sociedad Española de Fertilidad de aquellos centros que colaboran. Hay un total de 203, 38 públicos y 165 privados. Atendiendo a esta fuente, hay un dato significativo: en 1993 se produjeron unos 400 embarazos que llegaron a término; en 1999, casi 2.500. Seis veces más.

 

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