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Naturaleza humana del embrión humano
(e-cristians, 2003-02-13)


En el debate internacional

Hablar de clonación humana está de moda. Tanto en televisión como en radio y en los diferentes medios de comunicación aparece constantemente el debate sobre la clonación de seres humanos. Pese a que ciertos periodistas y escritores han tratado el tema de un modo novelesco, nos hallamos ante algo muy serio: la dignidad de la naturaleza humana.

Y es que el tema de la clonación humana es actualísimo, incluso en política. El Reino Unido se convirtió el 27 de febrero de 2002 en el primer país que permite la clonación de embriones humanos para la obtención de células madre. Y, pocos días después, el 4 de marzo, Canadá se situaba en segundo lugar, al anunciar una legislación acorde con la clonación humana. Por otra parte, la comunidad científica parece ''ignorar'' los avances en técnicas alternativas o diferentes a la investigación con embriones.

El debate está servido y da para mucho. Pero antes de tratar a fondo la clonación, humana o de embriones humanos, hay que analizar qué es el embrión humano, qué se entiende por clonación, qué ventajas e inconvenientes proyecta la clonación humana (sea terapéutica o reproductiva) y, finalmente, cual es la postura de las diversas organizaciones internacionales sobre el clonar o no seres humanos y con qué fines.

¿Qué es el embrión humano?

Antes de hablar de clonar embriones de la especie humana, hay que analizar qué es un embrión humano, tanto desde el punto de vista biológico como desde el antropológico, para dar base a posteriores afirmaciones sobre si es ético y legal clonar seres humanos, ya sea con fines reproductivos, ya terapéuticos.
El ser humano comienza a existir desde el momento en que biológicamente inicia el nuevo individuo.

Es imposible escindir lo biológico de lo humano en el hombre. Por ello, la concepción humana da origen a una materia corporal también humana, nueva e individual. No existen saltos cualitativos, es siempre el mismo cuerpo biológico el que se concibe y desarrolla.

El biólogo denomina cigoto, mórula, blastocito., diversos nombres que tienen que ver con el mismo proceso evolutivo de este cuerpo humano. También nos demuestra que este cuerpo posee un genoma diferente al del padre y al de la madre, iniciando su desarrollo en el interior del vientre materno.

El inicio de la corporeidad humana en el embrión es innegable. Cuando el espermatozoide y el óvulo se unen (proceso denominado meiosis), se funden sus materiales genéticos, con el fin de reducir el número de cromosomas de 46 a 23. Cuando se lleva a cabo esta fusión estamos ante una nueva célula, llamada cigoto.

El nuevo ser no es simplemente una fusión de códigos genéticos. Es un ser con proyección, con un programa nuevo, encaminado a desarrollarse paulatinamente. Su genoma o programa genético, es también original (no repetido). Individua a este nuevo material humano, que desde este momento se desarrollará según su genoma.

Después de la concepción o fecundación del óvulo, el cigoto inicia el desarrollo. Se multiplican el número de las células mediante un proceso de fusión y reduplicación, la mitosis. Este proceso llevará a la formación de un conglomerado de células (blastómeros), semejante físicamente a una mora. Por ello, a este nuevo estadio se le denomina generalmente mórula.

Ya en el segundo día, en los blastómeros ha crecido un tejido (trofoblasto), donde se irá formando un líquido transparente (blastocelo) por un lado, y por el otro, se acumula un grupo de células que darán origen, más adelante, al embrión. De momento este estadio se denomina blastocito. Su desarrollo posterior depende de sí mismo, y no de la madre. No es un órgano más de la madre, sinó que es una vida independiente.

En el quinto día, el blastocito comienza a diferenciarse. Su desarrollo y multiplicación celular se lleva a cabo según los procesos de formación de los tejidos (histogénesis) y de formación de los órganos y funciones (morfogénesis). Se aprecia, así, la unidad biológica del nuevo ser. Es un perfecto continuum, sin saltos cualitativos, donde el embrión humano se desarrollará en un hombre o mujer adultos y no en otra especie no humana.

Características esenciales del desarrollo del neo-concebido

Todos los elementos del blastocito se desarrollan como un todo. Por ello, desde su concepción en el seno materno, hasta la etapa de la formación del blastocito y etapas sucesivas, nos hallamos ante el mismo sujeto, hasta la conclusión de su ciclo vital (la muerte).

Este desarrollo humano del blastocito posee unas características esenciales, que nos ayudan a comprender mejor el estatus humano del neo-concebido. En primer lugar, observamos que existe una coordinación. Una coordinación celular, de desarrollo embrionario, que va desde la fusión inicial de los gametos hasta el final del ciclo vital humano. Es una coordinación de células y de actividades moleculares bajo el control de su propio genoma.

Esta coordinación conlleva la contemplación del desarrollo embrionario con rigurosa unidad. No es un agregado de células dispares, sino que aparece desde el inicio como un individuo. Es un conjunto de células, con vida propia, que se van desarrollando y multiplicando, según su propio código genético, hacia estadios celulares más complejos hasta crear tejidos. Se pasa así del estadio puramente genético al orgánico.

También se observa, en segundo lugar, que hay una continuidad. Así, el nuevo ciclo iniciado desde la fusión de los gametos se produce sin interrupciones. En el caso en que existe interrupción, hablamos de patología o muerte. Si no, el individuo se desarrolla hasta llegar a estados celulares cada vez más perfectos.

Esta continuidad será la que establezca la unicidad del nuevo ser humano que se está gestando. Será siempre el mismo a lo largo de su proceso formativo. Y se formará según el plan bien definido por su propio genoma.

Y, la tercera característica, la denominamos gradualidad. Con ella afirmamos que la formación del embrión humano se alcanza gradualmente, y no de inmediato. Este desarrollo gradual se observa en todos los seres vivos pluricelulares, reproducidos por gametos.

El desarrollo gradual, tras la fusión de los gametos, cada vez es más complejo en el ser humano. Implica una sucesión de formas, consideradas como diversos estados de un mismo ser en proceso de formación hasta llegar al nacimiento del seno materno.

El embrión es, sin lugar a dudas, un nuevo ser vivo capaz del autogobierno biológico, a lo largo del proceso gradual de formación, pero, a su vez, existe una dependencia necesaria del organismo materno, para nutrirse de él. Dependencia que también se da en el neonato hasta que alcanza una determinada madurez alimenticia.

 

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