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Y después del aborto, ¿qué?
(Alfa y Omega, 2003-04-28)

Mujernueva

En medio del debate social por la violación de la niña de Nicaragua, quiero fijarme en algo de lo que, como psiquiatra, tengo cierta experiencia: las consecuencias psicopatológicas del aborto. Aunque la literatura sobre el aborto es abundante, cuando se trata de exponer sus consecuencias psicopatológicas, faltan todavía estudios científicos serios. Son innumerables las dificultades que se tienen para valorar adecuadamente los efectos del aborto en la psicología de la mujer, lo cual se puede deber a que no es fácil la elaboración estadística de los resultados, a que no existen valoraciones médicas sistemáticas de estas pacientes después del aborto y, también, a que las mujeres que han abortado no suelen seguir relacionándose con el médico que las ha inducido a hacerlo.

Llevo treinta años dedicada a la asistencia clínica psiquiátrica en un centro de salud mental, y no me es posible obviar la cantidad de personas que llegan con un cuadro psicopatológico tras haberse sometido a un aborto voluntario. Por tanto, voy a apoyarme en los datos obtenidos a través de mi propia experiencia psiquiátrica, que, por otra parte, es la que tiene más fuerza y otorga mayor seguridad, a la hora de hablar de este tema o de otros muchos que tengan relación con la Medicina. Es verdad que se necesita hacer con urgencia estudios epidemiológicos sólidos, pero, de momento, no los hay, y tengo que basarme en casos concretos que, por ser muy significativos, constituyen una aportación psiquiátrica válida.

No podemos olvidar que el desarrollo de nuestra profesión no se hizo por medio de estudios controlados con muestras de varios cientos de sujetos, ni con resultados estadísticamente significativos. Sigmund Freud, Eric Erikson, Víctor Frankl, Jean Piaget, etc., más que estadísticas, trabajaron con personas singulares a las que estudiaron en profundidad, y, a partir de un estudio detallado de cada caso, obtuvieron un estudio del hombre y de su patología.
Comentaré, por tanto, los que, en mi experiencia, aparecen como trastornos psicopatológicos más frecuentes del estrés post-aborto:

- Cuadros depresivos acompañados de un gran sentimiento de culpa, lo que los psiquiatras llamamos culpabilidad psicológica; culpa ésta que es distinta de la culpa moral -aunque en este caso la incluya-. Éste es, probablemente, el síntoma sobre el que tenemos más experiencia y que tiene mayor consenso entre los científicos.

He podido comprobar que este sentimiento de culpa es, en muchos casos, irreversible, permaneciendo durante toda la vida de la mujer; así, son continuos, entre las mujeres que abortan, los autorreproches y la idea de reparación.

Esto no es nada nuevo, pues lo describen varios autores; la doctora Standford, psiquiatra canadiense, nos cuenta su propia experiencia tras haber abortado en una etapa de su vida, y puede señalar cómo la mujer que aborta recorre tres estadios:

a) Desasosiego y tristeza («no se tiene el alma en paz, ni el espíritu en paz»).

b) Revive continuamente y de un modo profundo el momento traumatizante del aborto; aunque pasen diez, quince o veinte años, la mujer recuerda la vestimenta de la enfermera, las paredes de la habitación donde sucedió el aborto., y se pregunta a menudo: «¿Cómo sería mi niño ahora?»

Suele justificarlo diciendo que no tenía otra opción, que no podía hacer otra cosa, pero ese pensamiento vuelve. c) El estadio siguiente es una gran depresión; la mujer pierde interés por las cosas que antes eran interesantes en su vida y, a veces, no ve otra salida más que el suicidio, no como elección de la muerte en sí, sino como una ocasión de salir de la situación de dolor y pena. Describe también la doctora Standford lo que ella llama la depresión de aniversario, aniversario que se sitúa alrededor de la fecha del posible nacimiento o alrededor de la fecha del aborto.

Una vida humana

Quien ha realizado o presenciado un aborto se queda para siempre con la impresión imborrable de que ha eliminado una vida humana. Es más, aquellas personas que tienen una predisposición personal o familiar a una enfermedad mental corren un riesgo mayor, y es raro que no queden con un desequilibrio psíquico tras el aborto, entre otras cosas por la tensión emocional que éste supone. Quizá por esto en Holanda, donde se permite el aborto, uno de los criterios para la selección de enfermeras en las clínicas es que nunca hayan intervenido en un aborto, o se lo hayan provocado ellas mismas, porque se considera que ello las daña emocionalmente. De hecho la OMS, en celebración oficial de 1980, dijo: «Las mujeres con alguna señal indicativa de trastorno emocional corren mayor riesgo de graves desajustes mentales tras el aborto, y más si tenían alguna enfermedad psiquiátrica previa; y -sigue diciendo- cuanto más serio sea el diagnóstico psiquiátrico, más perjudicial es para ellas el aborto».

- Trastornos de conducta: se observa que casi nunca el aborto es un hecho aislado, sino que acompaña a toda una serie de trastornos conductuales patológicos: toxicomanía, alcoholismo, perversión sexual, intentos de suicidio. trastornos importantes de conducta que suponen un grave deterioro de la vida personal, familiar y social.

- Dificultad para establecer relaciones interpersonales: se da una incapacidad para contraer vínculos duraderos; según un estudio bien hecho y controlado sobre cuatrocientas parejas -casadas o no- que han realizado un aborto, se observa que un 70% de ellas se separa al año siguiente del aborto. Se ve que el recurso al aborto tiene un efecto destructor sobre la relación de pareja, o bien que el aborto se da con más frecuencia en personas con incapacidad para contraer vínculos duraderos y poder establecer una buena relación interpersonal.

- Actitud de autoagresión y repulsa, que se pueden extender a los demás. Son mujeres que, a la vez que tienen una gran necesidad de afecto y atención, presentan a menudo un síndrome independentista.

- Sueños y pesadillas frecuentes, en los que son acusadas por las demás personas, incluido el feto.

Puede decirse que el aborto produce en la mujer que lo padece, e incluso en su compañero, una situación de crisis psicológica similar a una experiencia de duelo o pérdida, con un cuadro clínico que, en general, está bastante definido.

En frase del conocido profesor Willke, «es más fácil sacar a un niño del útero de su madre que sacarlo de su pensamiento». Ahora bien, es preciso señalar que estas crisis se encuentran en gran relación con la personalidad de la mujer, con la motivación del embarazo, con el significado consciente o inconsciente del feto y con las circunstancias ambientales.

El mejor tratamiento contra la enfermedad es la prevención primaria, y la prevención primaria de las secuelas psiquiátricas negativas que lleva consigo un aborto es echar mano de las alternativas: ayuda a la mujer embarazada, ayuda a la crianza del niño, apoyo familiar y social, etc. Pero, si bien todas estas alternativas tienen interés, la mejor es la prevención del embarazo precoz; ¿cómo?: enseñando el verdadero significado que posee y el gran respeto que merece la sexualidad humana.

 

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