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El derecho a la vida

El derecho a la vida

Autor: Miguel Carmena
Fuente: Mujer Nueva

Hace 54 años, el 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de la ONU aprobaba la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, un documento corto, de 30 títulos, que recogía toda la tradición histórica de la declaración americana y la francesa enriqueciéndolas con unas profundas consideraciones previas sobre la dignidad especial del ser humano. Han pasado más de 50 años y parece que la letra de la declaración está lejos de hacerse realidad en la vida de todos los seres humanos. En muchos casos, la negación de estos derechos es denunciada por instituciones que, según su ideología, hacen hincapié en unas u otras violaciones.

El texto de la Declaración comienza con unos "considerandos" que resulta muy útil analizar porque hacen referencia al " reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana" . Quizás sería un problema determinar qué significa la familia humana. La familia implica ante todo amor y, a lo mejor, esa familia humana no está tan unida ni tan abierta a la vida como debería estar una familia. Por otro lado, esta "familia humana" no reconoce en la práctica la dignidad intrínseca de todos sus miembros: los ancianos, los enfermos, los seres humanos concebidos pero todavía no nacidos, miembros también de la especie humana, son muchas veces despreciados y orillados a la muerte por la eutanasia o el aborto.

El artículo III de la Declaración dice: "Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona" . Este enunciado tan corto se presenta, junto con los dos primeros artículos, como la base del resto del documento. La vida, condición sine qua non para que el ser humano pueda desarrollar todas sus potencialidades aparece, lógicamente, como el derecho más importante. Es el presupuesto de los demás derechos que, sin la vida, no existirían. Le siguen el derecho a la libertad y el derecho a la seguridad, sin los cuales resulta difícil o imposible que cada hombre pueda construir su futuro.

La vida es algo que el ser humano no se da a sí mismo y algo de lo que necesita absolutamente para poder realizar todas sus virtualidades. No existe por sí sola. No existe la vida, sino los seres vivos. La vida comienza en el estado embrionario donde aparece ya un ser vivo autónomo, con un código genético propio, pero todavía dependiente y, como decía aquel famoso eslogan, no termina hasta que se acaba, y aquí entraríamos en la dificultad que tenemos todavía para determinar la muerte del ser humano aunque se ha avanzado mucho con los potenciales evocados del tallo cerebral. Desde ese primer momento hasta el último, la dignidad de la vida es la misma. No pasa por distintos estadios donde vale más o menos según la utilidad social del individuo o su reconocimiento público. La vida humana vale por esa dignidad intrínseca de la persona que anunciaban los "considerandos" iniciales de la Declaración Universal. De ahí nacen todos los derechos. Lo que el documento no dice es de dónde viene esa dignidad intrínseca de la persona. Hubiera sido muy interesante esa puntualización que apoyaría perfectamente el contenido de la declaración. Sé que los postulados de una declaración no se explican porque son evidentes por sí mismos, pero ¿es hoy evidente esta especial dignidad del ser humano? El ser humano sigue siendo la pregunta principal que se hace el mismo ser humano. Descubre su conciencia psicológica, su conciencia moral, su inteligencia, su capacidad de autodeterminarse por encima de los acontecimientos y las circunstancias, la responsabilidad, la sabiduría que hereda y su especial ubicación en el mundo que le rodea. Todo eso le lleva a considerar su dignidad especial, pero al mismo tiempo le abre a miles de preguntas sobre su vida, su destino, su origen, que no siempre acierta a responder satisfactoriamente. Eso lo convierte en un ser en continua búsqueda de sí mismo.

El artículo XXX, que cierra la Declaración de los Derechos Humanos, dice: " nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho al Estado, a un grupo o a una persona para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualesquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración" . Los derechos humanos son ante todo "humanos": son propios del hombre, de cada ser humano. Cada hombre nace con ellos; no son un regalo del Estado. Son, por definición, medios necesarios con los que debe contar el ser humano para poder desarrollarse plenamente. La ONU los llama las garantías fundamentales que los Estados miembros deben reconocer a los individuos. Reconocer no es otorgar, sino respetar algo que ya se encuentra ahí y está ahí desde que hay vida humana.

 

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