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Maternidad y trabajo ¿caminos opuestos?

(Padres OK, 2002-11-08)

En Chile, cerca del 66 por ciento de las que trabajan no tienen hijos mientras que las que tienen familia representan sólo el 32 por ciento de la fuerza laboral, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

No es por simple capricho. Generalmente quienes están en edad reproductiva, de los veinte a los cuarenta años, tienen más dificultad para encontrar trabajo, deben pagar extra en sus planes de salud y, aunque no es legal, a veces hasta se les exige la prueba del embarazo o un compromiso escrito de no tener hijos. Si a ello se suma que reciben menos sueldo que un hombre en el mismo cargo, la maternidad se asocia más a desventajas que a beneficios.

Toda una contradicción para un país que declara que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad. El doctor Patricio González, de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Alemana, afirma que la máxima fertilidad femenina se desarrolla entre los veinte y veinticinco años, y en el hombre a los treinta.

Por ello recomienda a las parejas no postergar la maternidad, ya que a mayor edad es más difícil concebir y también más estrecho el lapso para someterse a tratamientos en caso de que se presenten dificultades.

En el país cerca del 10 por ciento de la población tiene problemas de infertilidad. Se ha comprobado que después de los treinta y cinco años la mujer tiene apenas un 15 por ciento de posibilidad de embarazarse cada mes. Y esta circunstancia empeora pasados los cuarenta, cuando la probabilidad disminuye al 10 por ciento.A ello se suma una investigación realizada por un grupo de médicos daneses, publicada en el British Medical Journal, que concluyó que con la edad aumenta el riesgo de tener un mal embarazo y que éste no llegue a término.Los investigadores analizaron los embarazos en más de 600 mil mujeres y encontraron que el riesgo de aborto espontáneo tiene que ver con la edad. Mientras las mujeres de veintidós años tienen un 8 por ciento de probabilidad de perder a su hijo, en las de cuarenta y ocho dicho porcentaje sube a un 84 por ciento.Opción de vidaAsí, el ser humano no está preparado biológicamente para postergar la maternidad y dejarle el paso libre a las aspiraciones laborales.

Lo saben María Luisa Leal y su esposo. Fueron novios por más de cinco años y se casaron teniendo claro que durante un primer tiempo se dedicarían a viajar y a afianzarse en sus trabajos.Pasados los treinta y cumplidas la mayoría de sus expectativas se "pusieron en campaña". Pero tras un año de intentos, ella no se embarazó. Cuando comenzaban a desesperarse, lograron concebir a su hijo, pero a los cinco meses lo perdieron. "Estuve dos años tomando anticonceptivos porque queríamos un tiempo para estar solos. Paradójicamente ahora lo único que queremos es la compañía de un hijo".

Distinto es el caso de María Eugenia Bello (33). Tras titularse como abogado, se casó, pero al tiempo se anuló sin haber tenido hijos. Pasaron tres años antes de sentirse preparada para otro matrimonio. En ese periodo viajó e hizo algunos cursos hasta que conoció al "hombre de su vida" y luego de dos años tuvo a su hijo. "La llegada de Pablito fue maravillosa. Creo que a esta edad estoy más preparada que si lo hubiese tenido cuando era menor", afirma.Al respecto la psicóloga clínica Antonia Raies señala que una madre y un padre más maduros se angustian menos y tienen más sentido de la responsabilidad para educar a su hijo. Además a esa altura, dice la profesional, ambos han cumplido metas individuales y también como pareja. "Ya han pasado por etapas donde se invierte mucha energía, como es el ganar terreno en el mundo laboral. Y eso es una ventaja", concluye.

 

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